El celoso no sufre por amor

"Decir 'yo soy celoso' es alzar una cárcel con barrotes de identidad. Decir 'tengo celos' es, al menos, dejar una grieta.

Definirme es encarcelarme —hacerme estatua cuando soy río. No permitirme devenir, carente, deseante, cambiante. Le tememos al cambio, cuando lo verdaderamente aterrador es no poder cambiar.

Si el psicoanálisis existe, es para abrir una ventana cuando la puerta se cerró. Para arrancarnos el cartel de 'así soy' y preguntar: ¿qué me pasa cuando esto aparece?

Los celos son la vibrante expresión de que no soy, de que no llego. No porque falte, sino porque me creo fijo. El celoso no sufre por amor, sufre por identidad. Porque el otro encarna lo que yo no soy, lo que no alcanzo, lo que temo no ser nunca.

El ideal duele, no por su altura, sino por mi decisión inconsciente de quedarme abajo.
Y así me digo: 'soy así', y me dejo caer.

Pero el análisis me pregunta:
¿Y si no fueras eso? ¿Y si esto solo te pasa? ¿Y si podés dejar de serlo?"